BREVES APUNTES SOBRE UNA EXPERIENCIA DE LUCHA: EL FPDT

Breves apuntes sobre una experiencia de lucha.

¡ EL FPDT VIVE, LA LUCHA SIGUE !


Por  Cayo Vicente


Con Amor para quien comprenda la entraña viva de este texto. Por que sabrá que a pesar de distancia y tiempo, siempre seremos hermanos.


I.- ORIGEN Y RAZON.


El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) surgió como Organización político-social de autodefensa campesina en respuesta al infame decreto foxista del 22 de octubre del 2001 que justificaba el despojo abierto y brutal  de 5391 hectáreas de tierra sobre las cuales habría de fincarse el mas ambicioso proyecto sexenal, consistente en el establecimiento de un exclusivo complejo comercial-hotelero y la construcción de un nuevo  aeropuerto internacional que concentraría el 70% de las exportaciones mexicanas. Lo cual derivaría en la obtención de inconmensurables ganancias para la oligarquía transnacional y criolla, que ya se aprestaba a realizar una inversión inicial de  2863 millones de dólares.

La consumación de este  megaproyecto representaba un avance fundamental en la instrumentación del Plan Puebla Panamá, parte complementaria del Acuerdo para el establecimiento de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), diseñados con el objetivo de garantizar la profundización del dominio económico, político, cultural y militar del imperialismo norteamericano en Latinoamérica mediante el saqueo de sus recursos naturales (fundamentalmente agua, energéticos y biodiversidad), la sobreexplotación de los trabajadores del campo y de la ciudad  y  el control monopólico de los mercados.

Desde su origen el Decreto en cuestión  fue violentamente ilegal e ilegítimo, por que se emitió en flagrante violación a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (Artículos 27 y 115)  y  del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (Artículos 4 y 6) que tratan del derecho de los pueblos originarios a conservar sus tierras, cultura y tradiciones; por que no justificaba la utilidad pública, toda vez que sólo el 3% de la población nacional tendría acceso a los  servicios que pretendía establecer; por que jamás se consultó a los pobladores de las comunidades afectadas, a quienes se les pagaría un precio impuesto de  siete miserables pesos por metro cuadrado de terreno; por que la sola construcción del aeropuerto afectaría una vasta extensión de territorio en cuyo seno se encuentran invaluables vestigios arqueológicos y paleontológicos que dan cuenta  del surgimiento y antecedentes de nuestra propia identidad como país plurinacional; además  profundizaría el desequilibrio ecológico de la zona, al destruir los espejos de agua y con ello la infinidad de especies que los habitan; reduciría las zonas de recarga de los mantos acuíferos, agudizando la escasés del vital líquido, la salinización de la tierra y las inundaciones al oriente y sur del Distrito Federal.

Los pobladores de estas latitudes habían sido condenados a la miseria en el destierro, por lo que al decidir defenderse no sólo luchaban por su patrimonio, identidad, tradiciones, pasado histórico, presente y futuro, sino también, literalmente, por su vida.

Frente al desconcierto, incertidumbre y pesar iniciales que trajo la cruda noticia de la expropiación, la Dignidad del pueblo mexicano aquí representado  se  abrió paso y decidió andar otra vez, recién  comenzando el nuevo siglo.


II.- PARA VIVIR APRENDIMOS A LUCHAR. PARA VIVIR TENIAMOS QUE VENCER.


Tres eran los municipios afectados por la expropiación: Chimalhuacán, Texcoco y Atenco. Este último resultaba implicado con mas del 80 % de su geografía,  por lo que la oposición organizada en él cobraba particular importancia para la resistencia, cuya dirección inicial pronto dejó de estar en manos de los tibios y calculadores dirigentes locales del PRD, quienes fueron desplazados por activistas de larga trayectoria independiente, de reconocida honestidad y congruencia, identificados en el núcleo denominado Habitantes Unidos de San Salvador Atenco (HAUSSA). Grupo disciplinado que atesoraba años de experiencia en la lucha social iniciada con el impulso y participación del Frente Popular de Texcoco, cuyo antecedente inmediato fué el Frente Popular del Valle de México, ambos extintos años antes del parto necesario del FPDT.

Estos compañeros centraron su activismo autogestionario promoviendo iniciativas y acciones de beneficio colectivo, tales como la ampliación de la red de drenaje, instalación de alumbrado público, reubicación del panteón, pavimentación de calles, reducción del impuesto predial, construcción de puentes  y del auditorio municipal, hasta la solidaridad mas personalizada y cálida con cuantos se lo solicitaban, colaborando con ellos en las labores del cultivo y cosecha de la tierra, el levantamiento  de sus casitas, el auxilio en la enfermedad u hospitalización, en apremios económicos, en el  peligro de ser despojados de su modesta propiedad, en la  intermediación de las disputas intrafamiliares, etc. Además de desarrollar una política de apoyo efectivo y concreto con las luchas magisteriales, barriales, estudiantiles, o de acopio y traslado de víveres, ropa, medicinas  y alimentos, a comunidades de base zapatistas, víctimas de la feroz represión de Estado desatada con motivo de la irrupción indígena del EZLN en enero de 1994.

Lo que siguió después del anuncio oficial del decreto criminal y apátrida no fue sino un camino amoroso de fusión, de reconocimiento,  de arduo, lento, prolongado y difícil aprendizaje colectivo para la resistencia.

Un pueblo  cimbrado  hasta lo mas hondo de su ser Hombre-Mujer obligado a reaccionar  y una dirigencia confiable que se había ganado su lugar a pulso con hechos tangibles y  que no se asumió jamás como tal, comenzaron a ser uno solo y dejaron de ser cada cual para convertirse en todos. Y nos dimos cuenta  que siendo diferentes en el grado de estudios, en el nivel de compromiso, en las formas de participación, en las habilidades para uno u otro trabajo práctico, en el modo de ver las cosas y relacionarnos con los demás, en la experiencia de lucha de cada uno y en la manera en que íbamos asimilando ésta, en el carácter, en el temperamento, en la personalidad, en la edad, en el sexo, en las ideas políticas o religiosas, etc., teníamos un objetivo común e irrenunciable: la defensa del elemental derecho a la vida que incluía la de nuestra madre tierra,  amenazada junto con nosotros de muerte.

Para echar abajo el decreto expropiatorio enfilamos nuestra resistencia por dos vías complementarias: la jurídica y la política. Pero para nosotros era claro que la segunda condicionaría a la primera. Así que la organización y la movilización fueron prioridad constante, sin que descuidáramos el aspecto legal. Lo cual nos permitió desnudar la falsedad del apego a la ley que enarboló siempre el gobierno para justificar sus agresiones y ambiciones. En este terreno también los vencimos. Era preciso hacerlo para cerrar toda posibilidad a la bestia de rapiña.

Poco a poco fuimos identificando la importancia insustituible de la Asamblea General como el lugar común para intercambiar opiniones, proponer tareas, establecer acuerdos y definir planes de acción. Aprendimos a reconocernos en los otros diferentes que éramos nosotros mismos. Eran reuniones amplias, abiertas a todo el que quisiera luchar incluso viniendo de fuera de nuestras comunidades, escuchábamos con interés y asombro a todos los que querían compartirnos sus experiencias y regalarnos la herramienta de su avanzada lucidez ideológica y teórica, tomábamos lo que considerábamos útil a la causa y acordábamos qué hacer como FPDT, sin intromisión de otras organizaciones.

Nuestros pasos iniciales fueron adquiriendo seguridad al vernos acompañados  de la más hermosa y desinteresada solidaridad de individuos y colectivos, tanto de México como de diferentes partes del mundo. Todas las tendencias de la izquierda se dieron cita en Atenco y a todas las respetamos y correspondimos sin prejuicios, simplemente por haberlas conocido en la práctica, jugándose la vida a nuestro lado. Nos dimos cuenta que había diferencias doctrinarias entre algunas de ellas y nunca nos entrometimos en esa problemática, tampoco admitimos que las zanjaran ante nosotros, inmersos como estábamos en otras cuestiones mas apremiantes. Aprendimos que la mejor palabra es la acción y supimos distinguir que algunos doctores de la arenga oral no se comprometían en la actividad concreta. También ocurrió que varios compañeros del FPDT tenían simpatías por algún partido político, mas no se agredió  ni expulsó a nadie por ello, como Organización en todo momento mantuvimos una posición independiente y nunca confiamos en agrupación alguna de carácter electoral, ya sabíamos de su corrupción, de su papel mediatizador, de su capacidad para montarse en los movimientos y traficar con ellos al mejor postor: esas huellas dejaron a su paso siempre de modo indeleble.

En el proceso de nuestra defensa tuvimos muchos tropiezos y momentos sumamente críticos, pero en medio de esas circunstancias supimos buscar entre todos una salida, no siempre la ideal sino la menos peor. Nos atrevimos a ser audaces, intrépidos, a veces temerarios, y utilizamos formas no convencionales para evidenciar la forma de conducirse del mal gobierno. Así,  confiscamos sus vehículos cuando se internaban subrepticiamente en nuestros terrenos para hacer exploraciones técnicas al márgen de la ley, mientras estábamos amparados y en espera de resoluciones judiciales sobre la autorización de las obras,  y los utilizamos para los  recorridos que hicimos a lo largo y ancho del país en la difusión de la problemática que enfrentábamos y para la vigilancia de nuestras tierras; detectábamos y vigilábamos a los infiltrados que permanentemente se relevaban en su miserable cometido y les dábamos tareas arriesgadas que deberían cumplir so pena de evidenciarse como lo que eran; recogíamos sus radios, celulares, cámaras fotográficas o de video, y los usamos para establecer nuestra modesta red de comunicaciones y para registrar la memoria del Movimiento; nos movilizábamos llevando nuestras herramientas de trabajo, entre las cuales llegaron a destacarse el paliacate y el machete, hasta convertirse en símbolo de nuestra lucha e identidad.

Poco a poco y debido a la urgente necesidad de comunicarnos, fuimos poniendo en práctica todas las formas de difusión y propaganda posibles. Recuperando la experiencia de otros movimientos aprendimos a convocarnos para algo urgente o importante mediante el lanzamiento de tres cohetes de los que se utilizan en las fiestas del pueblo; a hacer periódicos murales semanales; montamos exposiciones fotográficas; realizamos pegas, pintas y murales sobre bardas y piedras; nos animamos a hacer volantes, calcomanías adherentes, periodiquitos, carteles; llegamos incluso a poner camisetas con leyendas combativas a nuestros perros y a pintarle consignas a nuestros burros o caballos; pusimos altoparlantes  en autos y salimos a difundir la lucha mediante perifonéos en las comunidades o nos íbamos a otros estados de la república para alentar sus luchas populares tan nuestras; inventamos consignas chuscas y serias pero siempre significativas; organizamos parodias en tiempos coyunturales de elecciones, donde el candidato de unidad era el burro Chón, el único al cual siempre consideramos que tenía todas las cualidades para rebuznar en serio; también fuimos  armando nuestros videos y canciones, y avanzamos hasta lograr organizar mesas redondas, foros, debates, conferencias , conferencias de prensa,  asambleas informativas y mítines, los que incluso hicimos en el interior de la propia iglesia de la comunidad a mitad de la misa. Levantamos barricadas simbólicas para expresar nuestra determinación. Aparecíamos en cuanto acto oficial de importancia se pudiera, para boicotearlo y dar a conocer nuestra lucha y sus razones. Incorporamos a toda movilización una bandera nacional, una zalea de coyote y un estandarte con la imagen del Divino Salvador. En fin todo lo que nos sirviera para difundir, denunciar,  agitar, educar, organizar y retroalimentar.

La conciencia se nos fue creciendo de a poquito y ya no volvimos a ser los mismos jamás. Nuestras compañeras se elevaron ejemplarmente y su participación fue  determinante en el proceso de esta lucha. Sin ellas la resistencia habría sido imposible.

El entusiasmo de los jóvenes más avanzados de nuestra Organización dio vida a la creación de la Casa de la Cultura, establecida cuando decidieron tomar la biblioteca municipal y darle uso efectivo, por medio de la cual se programaron, en coordinación con diversas organizaciones hermanas, talleres de dibujo, pintura, danza, teatro, proyecciones de video, cursos de regularización académica y un sinfín mas de iniciativas encaminadas a elevar nuestra concepción del mundo y de la vida, nuestra conciencia, moral y sensibilidad.

Nada fue fácil, pues además de nuestra inexperiencia ante un desafío como el que enfrentábamos, tuvimos que sortear muchas maniobras que intentaron los gobiernos federal, estatal y municipal para  detener o aniquilar nuestro Movimiento, tales como infiltración de agentes externos, traición por cooptación de compañeros que participaban desde dentro en su labor de vigilancia, provocaciones, atentados, chantajes, amenazas, mentiras, calumnias, ofrecimiento de prebendas, difusión de rumores y chismes para dividirnos y enfrentarnos entre nosotros mismos, hostigamientos, presiones, además de campañas intensas de desinformación y aislamiento en los medios de comunicación escritos y electrónicos.

El cúmulo de tareas necesarias que reclamaba cada momento concreto superaba en mucho nuestras posibilidades económicas, por lo que estudiando cómo hicieron otros movimientos, tomando en cuenta la inventiva creadora de nuestros compañeros y gracias a la solidaridad, supimos salir adelante a veces literalmente desde la bancarrota y la única explicación es que el pueblo es una fuente inagotable de abnegación, entrega, entusiasmo, iniciativa, y hermandad. Se imprimieron en serigrafía paliacates y playeras, se organizaron rifas, boteos, colectas, kermeses, bailes, etc.  y se trató lo mas posible en dar un manejo claro a los recursos financieros. Jamás aceptamos una donación  a cambio de supeditarnos ideológicamente, o de cualquier otra forma.

Así fuimos creciendo colectivamente. Claro que  cometimos errores, variados y muchos, pero siempre estuvimos dispuestos a corregirlos una vez identificados o al menos a no reincidir, aunque aún persiste y limita nuestro desarrollo el caudillismo involuntario, la casi total ausencia de formación metódica teórico-ideológica (círculos de estudio, escuelas de cuadros, conferencias políticas, etc.) y la poca sistematización de nuestra experiencia de lucha. Nunca fuimos perfectos ni tuvimos todo planeado: “afilamos un machete, decimos que estamos encabronados, nos agarramos a madrazos, y vencemos”. Qué va, mas bien luchamos como pudimos, a nuestro modo y condiciones, y reconocemos que tenemos mucho que aprender todavía. No nos sentimos superiores a nadie, ni pensamos tener la autoridad moral como para andar dando lecciones de cómo, cuándo, dónde y con quién juntarse para hacer las cosas. Como conglomerado en combate nos fuimos forjando en el camino, sorprendidos de lo que éramos capaces de hacer con  nuestros conocimientos y práctica política incipientes; con los modestos recursos disponibles; con esta obsesiva decisión de vivir y la irrenunciable necesidad de vencer, lidiando al mismo tiempo con una incertidumbre que quema y abruma. Y es que no existía alternativa: o luchábamos a pesar de tenernos que enfrentar a la posibilidad real de morir, por que nunca subestimamos el poder económico, político y militar del Estado mexicano, o estábamos muertos ya de la muerte mas sórdida, fría y negra: la muerte en vida.

 La victoria aunque acariciada y soñada era, objetivamente, la posibilidad más remota.


III.-  Y LA POBREZA SIGUE AQUÍ…


El 11 de julio del 2002 el gobierno montó una  provocación,  diseñada hasta sus últimos detalles  con la intención de asestar un golpe decisivo al FPDT, acción en la que  cientos de policías agredieron a los cerca de 30 compañeros que acudieron en Comisión a protestar ante el gobernador del estado de México. Como resultado tuvimos varios heridos y 19 detenidos, entre ellos a dos militantes de los más resueltos, visibles y representativos del Movimiento, ante lo cual la respuesta del pueblo fue unánime e incontenible. Había que rescatar a todos, pero el penal a donde se los llevaron estaba fuertemente custodiado, incluso por francotiradores, además del despliegue de fuerzas represivas en las carreteras de acceso. La iniciativa colectiva derivó en la invasión inesperada de las oficinas centrales de la Sub-Procuraduría de Justicia en Texcoco, donde estaban diversos funcionarios que fueron conminados a correr la misma suerte de las comunidades, por lo que se fueron con la muchedumbre al Auditorio de San Salvador Atenco. Los medios de comunicación electrónica se convirtieron en canal de enlace directo entre el FPDT y el gobierno, el cual además, en su tradicional doble lenguaje, emplazó efectivos de  todas las corporaciones policiacas y militares en cerco acechante. Era la hora de los hornos de la que habló José Martí y no tenía que verse sino  luz.  La crisis  desnudó al Sistema  en las palabras de un funcionario que alevosamente nos amenazaba por teléfono y que respondió ante la petición de canje de nuestros compañeros: “a los funcionarios y empleados que tienen háganles lo que quieran, no nos importan para nada absolutamente, pero eso sí: vamos a entrar por ustedes y los vamos a acabar…”. Mas adelante y como resultado del amplio apoyo que se generó en torno nuestro dada la enorme y no prevista  repercusión mediática nacional y mundial, además de las profundas  contradicciones entre las que se debatía el gobierno en los niveles federal y estatal con relación al modo de resolver  el embrollo que generó su sórdida estupidez, sin descontar la determinación de la Asamblea General de no ceder y estar dispuesta al combate desigual sin rendición, es que salimos airosos de este trance. A nuestros hermanos los tuvimos de regreso para seguir luchando a nuestro lado, y así nos amalgamamos definitivamente para siempre en la lucha, en el riesgo, en el dolor, en el sacrificio, en la esperanza, en la dignidad,  en la victoria, en la alegría… ¡En la Vida!

El 25 de julio del 2002 sembramos al compañero José Enrique Espinoza Juárez, fallecido el día anterior, víctima de la cobarde golpiza que le propinó la policía el 11 del mismo mes. Esta fecha también desterramos de nuestro ser colectivo cualquier residuo de miedo, angustia o duda. En esa hora preñamos a la muerte, que dejó de ser tal para nosotros. En ese instante sepultamos al decreto maldito y nauseabundo, cuyo certificado de defunción se tardaron en expedir hasta el 01 de agosto del mismo año. Las hienas escondieron sus colmillos en espera de tiempos más propicios. Nosotros fundimos paliacate, cañones y machete donde se pueden volver a tomar: en el cerebro, en el corazón y en los órganos que afiebrados irradian más vida siempre.

Como era de esperarse el júbilo de vencer al Estado mexicano fue mayúsculo. Algunos de nuestros compañeros decidieron que era suficiente caminar y se retiraron, otros no pensamos así. Intuíamos que las victorias o las derrotas son pasajeras, que lo permanente era la lucha, y descubrimos además que estábamos en las mismas condiciones de pobreza y opresión que las que existían antes de que Fox decretara la ley de su avaricia y la de los suyos. Nos percatamos de tener una victoria que a final de cuentas nos había dejado como estábamos antes de tener que defendernos. La “fama” no nos servía para  resolver nuestras mas elementales necesidades. Había, por tanto,  que continuar, que ir por la Patria toda, recuperarla, hacerla nuestra, quitársela de las manos a quienes la postran y saquean, a quienes no la aman sino que la profanan en su beneficio. Tenía que ser ya, teníamos que comenzar o continuar según se  vea, ahora que habíamos confirmado que no fue imprudente  soñar en derribar aviones con machetes, ahora que descubrimos la fuerza vital y transformadora que se acurruca en la entraña del pueblo cuando se despierta de un largo letargo, ahora que la luz acariciaba para siempre el alma. Así que no permanecimos plácidamente a contemplarnos en el espejo para celebrar la victoria y vivir ornamentando laureles hasta el ridículo. Decidimos continuar y acompañar a todos los que en otras latitudes se defendían de cualquier injusticia. Salimos al encuentro de los que nos tendieron su mano cuando los necesitamos, les fuimos a agradecer y a decir aquí estamos, aquí seguimos, pueden contar con nosotros siempre, no se rindan, adelante, merecemos mucho más que esta podredumbre de Sistema. Así nos honramos en marchar con obreros, estudiantes, colonos, campesinos, vendedores ambulantes, intelectuales y artistas, profesores, bases de apoyo del EZLN; en fin, con el pueblo en lucha, incluso llegamos a Centroamérica y Europa, siempre llevando nuestra modesta solidaridad concreta, efectiva, oportuna, alegre, desinteresada, amorosa.

Se inauguró un nuevo tiempo en la vida de nuestro FDPT. Comenzaron a acercarse campesinos de distintos lugares y se fueron incorporando en los hechos. Paulatinamente fuimos creciendo, acá defendiendo el monte, allá el transporte autónomo, acullá impidiendo el establecimiento de unidades habitacionales en tierras ejidales casi despojadas. Poco a poco nos volvimos aglutinador expansivo. Nuestra tierra se convirtió, además de razón sustantiva, en  pólvora de Dignidad.

Siguió la incesante batalla por el mejoramiento de nuestras condiciones de vida. Se instaló una mesa de diálogo ante el gobierno, donde persistentemente demandamos la creación de centros educativos con cobertura para todos los que lo requirieran, sin exclusión; exigimos el establecimiento de programas de desarrollo productivo regional; arrancamos un fideicomiso de 800,000 pesos para la familia de nuestro compañero asesinado, como garantía para la educación de sus hijos hasta los estudios universitarios, y un trabajo digno, con categoría de base definitiva, a su esposa y compañera. Recuperamos incluso el dinero que no sabemos quien depositó como fianza por cada uno de nuestros presos del 11 de julio, para que salieran de inmediato en medio de la crisis, mismo que destinamos a cubrir los honorarios de nuestros valientes y leales abogados. Además ganamos con esfuerzo dedicado la representación formal del Comisariado Ejidal, para asegurarnos de la inviolabilidad de nuestro territorio. Asimismo intentamos articular el movimiento femenino local con miras a una mayor participación y crecimiento cualitativo.

Esto sin dejar de hacer lo que habíamos aprendido en el proceso. Nuestra solidaridad abrió los brazos a todo intento organizativo que se generó entre los distintos sectores de la población nacional en lucha. Forjamos naturalmente un vínculo indisoluble con nuestros hermanos zapatistas y nos adherimos al esfuerzo de construcción de La Otra Campaña como proyecto serio de convergencia para la transformación social urgente y necesaria. No debíamos caminar solos, teníamos que buscar a los iguales en todos los sitios donde pudieran estar. Navegar juntos y encontrar la definición de su ser verdadero por la práctica, más que por el discurso. Por su fecundidad más que por la apariencia.

Y en eso llegó el terrorismo de Estado. Quedando claras la falsedad del avance democrático de las instituciones, la modernidad del estado de derecho y la inviolable potestad de los derechos humanos y de las libertades políticas. Supimos que el dominio y odio de clase de los explotadores está más vivo que nunca y que no desaparecerá por su propia voluntad. No hubo jamás un fin de la Historia. Nunca lo creímos. Ahora lo reconfirmamos.

El deshonor más deshumanizado se consagró para México, en el nuevo milenio, los días 3 y 4 de mayo del año 2006. Cuando la mediocridad, cobardía y abyección de los tres niveles de gobierno, el federal panista, el estatal priísta y el municipal perredista,  administrados respectivamente por Vicente Fox Quezada, Enrique Peña Nieto , Nazario Gutiérrez Martínez (Texcoco) y Pascual Pineda Sánchez (Atenco) , lanzaron cuatro mil  orangutanes  ejemplarmente amaestrados para aniquilar al FPDT. El cielo se descuajó y los tenebrosos arquitectos de la noche hicieron su primer festín siniestro de sangre, dolor y muerte. La bestia fascista comenzó a enseñar sus asquerosas y descomunales garras.


IV.- EL TAMAÑO DE SU MIEDO AL PUEBLO.


Javier Cortés Santiago (16 años) y Aléxis Benhumea Hernández (20 años) cayeron asesinados y sumaron sus nombres a la lista de guardianes guerreros de la luz, cazadores de sombras, que custodian la Primavera que inexorablemente vendrá un nuevo día. Veintinueve hermanos fueron secuestrados en la cárcel de Santiaguito, tres en el  penal de máximo exterminio conocido como Del Altiplano, antes La Palma, y cuatro menores en el Consejo Tutelar de Texcoco. Cinco fueron deportados sumariamente. Ciento cuarenta y cuatro adultos y cinco menores fueron detenidos y excarcelados con libertad condicionada a la sentencia del proceso judicial vigente, después de pagar la tarifa que la ley, esa decrépita prostituta prófuga de la Justicia, les exigió. Un número indeterminado de órdenes de aprehensión  penden aún sobre varios hermanos y a lo lejos se escuchan las carcajadas macabras de los poderosos.

Detenciones ilegales y arbitrarias, golpizas multitudinarias con saña, cateos indiscriminados, vejaciones a niños, mujeres y ancianos, persecución, desapariciones, asesinatos, destrucción y robo de bienes, tortura sexual, cacería y acoso asfixiante, hostigamiento de nuestros presos, linchamiento mediático, criminalización de nuestra resistencia, en fin: terrorismo de Estado puro vivimos esas gélidas, negras y fétidas horas transcurridas como siglos. Pero jamás nuestros semejantes nos dejaron solos ante esta pesadilla. Por todo el mundo se escuchó la voz sublime de la solidaridad. La Comisión Sexta del EZLN y La Otra Campaña fueron los primeros en ese gesto por siempre inolvidable. Luego vinieron otros, a quienes, igual, guardamos un lugar en el  corazón y la memoria.

Ante un enemigo infinitamente superior resistimos de mil formas simultáneas: escapando a la detención indiscriminada; refugiándonos; sanando las heridas para volver a la trinchera; negándonos a las fauces de las mazmorras, aún dentro de ellas; arengando al alma en las casas que infortunadamente visitó el horror; recontactándonos; reorganizándonos; marchando en mítin público y privado; movilizándonos venciendo el veneno del miedo que quisieron inocularnos ; diciéndonos con la acción, en el silencio y a la distancia, que jamás nos soltaremos de las manos; buscando indignados la manera de impedir que desconocidos y advenedizos “militantes” del FPDT hurten y usufructen en su personal beneficio el dinero que llegó generoso en apoyo para nuestra Organización hasta antes de los sucesos de Oaxaca, donde la APPO fue parida por y para la Aurora ; soportando la vigilancia permanente de los malditos; sorteando las emboscadas para desaparecernos o agredirnos; enfrentando aviesas calumnias que intentan sembrar discordia, aislamiento y desconfianza entre los nuestros; sobrellevando el dolor que da la incomprensión de quienes hacen por nosotros sin nosotros y regatean su apoyo por que sentencian  que sólo debemos aceptar su solidaridad en monopolio exclusivo y excluyente; bebiéndonos la arrogancia de los puros de oratoria  que nos ningunean ahora por que nos descubren frágiles en teoría sistematizada;  detectando a los agentes del estado infiltrados, varios de los cuales se autodenominan taimadamente adherentes de La Otra Campaña (imaginan que este ardid les da "autoridad" o mejor camuflaje para acercarse y pese a ello no la demeritan ante nosotros, por que distinguimos claramente la abismal y antagónica diferencia) en tanto que urgan y reurgan para obtener pistas sobre el paradero de los compañeros resguardados,  simbolizados en nuestra América hermosa y digna; protegiendo en nuestro pecho la concentrada luz que irradia  la Esperanza certera en un tiempo mejor.

 Es breve nuestra existencia como FPDT comparada con otros esfuerzos organizativos o más aún  con el devenir de los siglos. Y por el momento encontramos tres etapas de desarrollo, diferenciadas a partir de su cualidad: la primera, que va desde el surgimiento hasta la victoria contra el aeropuerto; la segunda, que comprende el crecimiento propio con la adhesión de mas comunidades, el establecimiento de mesas de interlocución con el gobierno estatal para exigir solución a demandas concretas, la solidaridad de vuelta a las organizaciones e individuos de nuestra extensa geografía nacional, la vinculación con ese esfuerzo fundamental de construcción estratégica que es la Otra Campaña y hasta la represión funesta de mayo del 2006; la tercera que abarca desde nuestra rearticulación y sobrevivencia, la adecuación de nuestra política de alianzas a las condiciones que enfrentamos (misma que tenemos definida por niveles de acercamiento y compromiso en 1.-Coordinación, 2.- Alianza y 3.- Fusión),   hasta la obtención de la libertad, que llegará inevitable, de nuestros hermanos presos, la conservación y defensa de nuestra madre tierra y la reorganización del FPDT.

Vaya que nuestros enemigos tienen razones para odiarnos por amar eterna e infinitamente la causa de los desposeídos. Su odio avanza a la velocidad de sesenta y siete años por milésima de segundo, como la sentencia que deliran que podrán ver cumplida en nuestros hermanos. Sesenta y siete años por tres por milésima de segundo, la velocidad exacta con la que se despeña su tiempo de canallas. Por que nosotros ya somos dueños, desde antes, de la victoria moral e histórica, avalada inocultablemente por todas las instancias independientes de Derechos Humanos nacionales e internacionales,  y más temprano que tarde nos haremos también de  la victoria política de corto, mediano y largo plazo, con Unidad, Organización, Dirección y Disciplina propias de los explotados, al lado del pueblo mexicano del que apenas somos una pequeña  parte. 

Por que la adversidad nos ha templado para los desafíos que nos proponga nuestro tiempo. Por que tras la intención de aniquilarnos estamos vivos y en pie de lucha, como descendientes de Nezahualcóyotl, Cuauhtémoc, Canek, Yanga, Hidalgo, Morelos, Mina, Guerrero,  Zapata, Villa, Flores Magón…, que somos. Por que no estamos solos. Por que no siempre el opresor ha de golpear impunemente. Por que pese a todo somos felices aquí y ahora. Por que todavía cantamos y soñamos. Por que somos un pueblo entero construyendo el porvenir con Amor a filo de machete en vuelo…


Nunca el amor fue deber,sino placer, savia, Vida,

la penumbra está prohibida,de la luz somos guerreros,

nuestro andar es Fuego Nuevo, nuestra sangre la alegría.


Amo todo lo que es bello, amo a Eros sin recato,

amo la vida y canto por nuestros sueños sublimes,:

el Amor jamás se rinde ante la muerte y espanto.


Hasta siempre, por siempre.


 ¡LIBERTAD A LOS PRESOS POLITICOS DE MEXICO Y EL MUNDO!  

     ¡ ZAPATA VIVE, LA LUCHA SIGUE ! 

  ¡ VIVA LA LUCHA DE LOS PUEBLOS POR SU LIBERACION!


Atenco, México, septiembre 2007.